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Nadie esperaba que el corazón de la pintora y escultora franco-estadounidense alguna vez dejara de latir. En 2010, a los 98 años de edad, la artista Louise Bourgeois falleció en su hogar de Nueva York.  “No pensé que este momento podía llegar”, expresó su asistente de toda la vida, Jerry, en declaraciones a The New York Times. Según su marido Robert Goldwater, el lunes 31 de mayo, Bourgeois fue hallada sin vida en el suelo de su taller junto a Fillette.

 “Fillette”-. Louise retratada junto a su escultura por el fotógrafo Robert Mappelthorpe

La obra, realizada en 1968, no se trata de una mera reproducción o representación del órgano masculino. De acuerdo con el libro Louise Bourgeois Mujer Casa de Jean Frémon, crítico y amigo de la escultora por más de 26 años, con ella “nos obliga a cuestionar el sentido de las formas”. Curioso es que la imagen, utilizada para un catálogo del MoMA en 1982, con motivo de una retrospectiva, fue recortada dejando a la vista sólo la sonrisa de la autora.  

De acuerdo con su amigo, el objeto que Bourgeois sostiene entre sus manos podría ser una pequeña niña o incluso un niño. “Llevé la escultura al estudio de Mapplethorpe porque me representa mucho mejor que mi propia apariencia física. Yo soy mi obra”, explicó en una de sus charlas con Frémon. Un dato a considerar es el nombre: Fillette. En Francia, el término se utiliza para denominar a las mujeres jóvenes e inexpertas, ¿pero cuánto de ingenua hubo en Louise?

Nacida en París el 25 de diciembre de 1911, Louise Caroline Bourgeois fue la segunda de tres hermanos. Sus padres, Josephine Fauriaux y Louis Bourgeois, eran dueños de un taller en el cual reparaban tapizados. Allí, Louise ayudaba a su madre a dibujar y tapar los genitales de algunos de los dibujos en las alfombras, con parras de uva. “Mi madre estaba reparando un tapiz muy grande, de unos seis metros por tres. Era un tapiz con uno de esos típicos motivos alegóricos y se necesitaba un dibujante. Monsieur Genault, (…) que trabaja en Gobelin, era una primera figura y no siempre podíamos contar con él cuando lo necesitábamos. No había teléfono para llamarlo. (…) Entonces mi madre me miró y me dijo: “Louise, ya que a ti te gusta dibujar y estás dibujando todo el tiempo, ¿por qué no me ayudas con el dibujo de este tapiz así podemos continuar?(…)”, recordó en una entrevista con el Doctor en filosofía, y crítico de arte, Donald Kusnit. Y así lo hizo.

Respecto de su padre, quien participó en la segunda guerra mundial y regresó a su hogar por una herida de bala, Bourgeois siempre destacó la dominación que éste ejercía en el seno familiar. También dirá: “Mis padres se complementaban en su trabajo”, pero al parecer sólo allí podrían hacerlo. Se dice que el hecho que mayor enojo le provocó a Louise con su padre fue la infidelidad que cometió con su institutriz, Sadie. Más tarde agregará que él “siempre tenía la cara llena de lápiz labial”. Y pese a ello, todos los días le repetía a la Sra. Fauriaux que la amaba. 

En 1918, la madre de Louise enfermó de Gripe Española. Y aunque logró curarse, más tarde padeció un enfisema el resto de su vida. Fue entonces que el padre de Louise dejó de fijarse en ella y a salir con otras mujeres. “Después de todo eso, es muy posible que la vida sexual de mis padres cambiara y ya no fuera como antes”, señaló Bourgeois en la entrevista. 

En cuanto finalizó su ciclo secundario en el Lyceé Féelone, comenzó a estudiar matemáticas en La Sorbona (1930). Dos años después, al fallecer su madre, Bourgeois abandonó los números para dedicarse al mundo artístico. Estudió en la Escuela de Bellas Artes, lugar donde el profesor Joseph Fernand Henri Légeri la ayudó a descubrir su vocación como escultora. “Todos los días uno tiene que abandonar su pasado o aceptarlo, y entonces, si no puede aceptarlo, se hace escultor”ii. 

Durante 1938 conoció a su futuro marido, Robert Goldwater (historiador y crítico de arte), en su propia galería de París, ubicada en el taller de tapices de sus padres. Quienes los conocieron cuentan que tras varias charlas sobre el surrealismo, Louise y Robert se casaron. Adoptaron un niño (Michel) en Francia y luego se mudaron a Nueva York, donde tuvieron dos más (Jean Louis y Alain).

Mujer casa (1945-47)-. Pintura clave para comprender el mundo de Burgeois.

Ya establecida y naturalizada en suelo norteamericano, continuó su formación en la Art Students League. Seis años después logró que el MoMA (Museo de Arte Moderno) adquiriera una de sus obras. Además de realizar diversas muestras alrededor de Estados Unidos, llegó a ejercer como profesora en The School of Visual Arts de Nueva York, la universidad de Columbia, Cooper Union y Goddard College. 

En los inicios de su carrera, Bourgeois fue prácticamente ignorada. El MoMa, pese a adquirir una de sus obras durante 1944, realizó una retrospectiva de su trabajo recién en 1982. 

Aunque ella misma aclaró en su entrevista con Kusnit, que el hecho de no ser reconocida o exitosa a nivel mundial, no tuvo nada que ver con el hecho de ser mujer: “Fui ignorada porque nadie exponía mi obra en ese momento. Es parte de la indiferencia del sistema (…) que favorece sólo a unos pocos (…)”. 

De sus esculturas, las más importantes han sido Fillette (1968), La destrucción del padre (1974), El arco de histeria y una serie de dibujos y óleos que incluyen sus Femmes Maison (1945-47) (mujeres casa) y diversas formas fálicas; además de esculturas de tela y bronce. No obstante, la obra más importante y representativa de su carrera fue y será Maman (1999). 

En su momento, la autora expresó que la araña se trató de una oda a su madre: “Ella era mi mejor amiga”iii. También la definió como “reflexiva, lista, paciente, calmante, razonable, delicada, sutil, ordenada y útil”, al igual que este tipo de insectos.

Por otra parte, algunas de sus influencias fueron Odilon Redon, Pierre Bonard, Gertrude Stein, John Cage y Max Ernst, entre otros. No obstante, la originalidad de su trabajo permanece.

Vale destacar que aún cuando muchas de sus exhibiciones se presentaron junto a artistas expresionistas o abstractos, Louise nunca se volvió una de ellos. Su arte siempre giró en torno a lo simbólico, tanto en objetos como dibujos con algunos temas que la acecharon toda su vida: soledad, conflicto, frustración sexo, muerte y vulnerabilidadiv.

Bourgeois vivió toda su niñez obsesionada por los recuerdos. Sus obras han sido un reflejo de lo más profundo y oscuro de su propio ser. Un punto clave para comprender su obra, además de todo lo que nos ha dejado tras su partida, son aquellas mujeres casas que dibujó y pintó entre 1945 y 1947.

Para ello es necesario viajar hasta el 2008, cuando estos trabajos se expusieron, junto a otras piezas, en el Tate Modern de Londres. El curador de la obra tradujo Femme Maison a Housewife (que en inglés significa esposa), sin pensar lo que realmente significaba para Louise.

A lo largo del tiempo la mujer ha sido considerada como sostén de la familia. Más allá de existir una figura masculina, la femenina siempre estuvo por delante y detrás del hombre. Fue considerada por Louise como una casa protectora, inundada de habitaciones con personas, demonios, sentimientos y fantasmas. E incluso espacios vacíos, que intentan llenarse todo el tiempo para seguir siendo quien se es; para lograr la independencia. O, en cambio, permanecer sumergidas en el mar de obligaciones cotidianas. “El miedo a la dependencia es crucial para mí y en parte mi arte se ocupa de eso. El desafío es mostrar que soy independiente. Un desafío constante. Tengo que probarlo”, aseveró la artista en su entrevista con Kusnit.

Lo que sorprende de ella no es sólo la carga personal, intrínseca a todas sus obras. Sino que los términos de surrealista, abstracto o expresionista no caben en Bourgeois. Se corre de ellos, deslizándose hacia ella misma. Vuelve una y otra vez hacia sus entrañas, para no olvidar y recordar aquello que forma parte de sí. Para materializar su realidad y decir a través del juego que, en este mundo, la linealidad no siempre es la norma.

Sabrá perdonar el lector la impertinencia de la escritura en presente. Quien escribe es muy consciente de que el cuerpo de Louise Caroline Bourgeois, tal y como lo conocíamos, ya no existe. Pero muchas veces su partida no parece ser tal. Desde la imagen de Femme Maison, se vislumbra, para mi, una luz clara a través de la ventana. 

En otro de los fragmentos de la entrevista con Kusnit, Louise resume muy bien su idea del mundo artístico y lo que conlleva involucrarse en él: “El arte surge de la vida. El arte surge de las dificultades que enfrentamos cuando queremos seducir a los pájaros, a los hombres, a las serpientes o a quien sea. Como en una tragedia de Corneille, donde todos persiguen a todos. A ti te gusta A, y a A le gusta D, y a D le gusta C y así. Como hija de Voltaire, educada en el racionalismo del siglo diecinueve, creo que con el debido empeño, el mundo mejorará. Si trabajo como un perro en todos estos… Artefactos, conseguiré el pájaro que quiero. 

Kusnit: ¿Y eso sucede alguna vez? 

No muy a menudo. El resultado final es bastante desalentador. Es por eso que, precisamente, sigo insistiendo. La resolución nunca llega, es como un espejismo. Nunca me siento totalmente satisfecha. Si lo estuviera, dejaría de trabajar y sería muy feliz. No hay resolución posible, pero uno se siente bien con uno mismo porque ha hecho todo lo que podía, en la medida de su eficiencia. Uno comprendió el problema y la comprensión de un problema es un objetivo válido. Mucha gente se contenta con el simple coleccionismo –coleccionan objetos, mujeres en el caso de los hombres– una actividad menor comparada con la comprensión. Hay muchísimos artistas, por supuesto, pero la mayoría son muy poco interesantes, porque la expresión personal no puede ser un fin en sí mismo o, mejor dicho, la expresión personal puede ser un fin en sí mismo pero no es interesante. Millones de personas toman el desayuno por la mañana pero es muy difícil lograr que el desayuno sea interesante, desde un punto de vista objetivo. Trabajo muy duro y sin embargo nunca –¡nunca!– consigo que la gente entienda lo que quiero decir. Quiero que entiendan que la tenacidad es una virtud y un fin en sí mismo. Más aún, deberían entender que quiero equiparar el sexo al asesinato, el sexo a la muerte. Pero nunca entenderán el problema de esta ecuación. Debería ser menos dura conmigo misma. No debería seguir persiguiendo el misterio, pero el misterio está siempre ahí y sigo aspirando a resolverlo”. 

Sus puertas ya no abren, pero aún quedan recovecos por los cuales mirar. Tal vez con un poco de suerte y atención podamos entrar por la ventana de esa mujer casa, para verla más de cerca, para sentir su obra. Y más que su obra, para sentirla a ella.

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i Pintor francés adscrito al cubismo y al constructivismo, que destaca también por sus realizaciones de pósters o carteles comerciales y otros tipos de arte aplicado. Nació el 4 de febrero de 1881 en Argentan, Francia, estudió dos años de arquitectura en Caen, viajando después a París, donde es rechazado en la Escuela de Bellas Artes y se inscribe como alumno en el taller de León Gerôme y después en el de Gabriel Ferrier. Desde 1910 expone regularmente en el Salón de los Independientes. La mayoría de sus primeros cuadros tienen un carácter cubista, entre ellos Desnudos en el bosque (1909-1910, Museo Kröller-Müller, Otterlo). Junto con Georges Braque y Pablo Picasso, Léger representó un papel importante en la evolución y difusión del cubismo. La siguiente etapa de Léger estuvo influida por sus experiencias en la I Guerra Mundial. Comenzó su llamado periodo mecánico en el que utilizó muchos símbolos procedentes del mundo industrial. La Ciudad (1919, Museo de Arte de Filadelfia) es una de sus pinturas más notables. La obra de Léger ejerció una influencia importante en el constructivismo soviético. A su vez, destacó como realizador de vidrieras, mosaicos, así como ceramista, diseñador de escenografías teatrales o de tapicerías. Los modernos carteles comerciales y otros tipos de arte aplicado también se vieron influidos por sus diseños. En sus últimas obras llevó a cabo una separación entre el color y el dibujo de tal manera que sus figuras mantienen sus formas robóticas definidas por líneas negras. El color se reparte de forma audaz sobre las áreas del lienzo de modo que constituye una composición separada que unifica el cuadro. Una de sus últimas obras, El gran desfile (1954, Museo Guggenheim, Nueva York), es un ejemplo monumental de este estilo. Extraído de: http://www.epdlp.com/pintor.php?id=292 [En línea-Consultado el día 1/06/12]

iiExtraído de la biografía de Louis Bourgeois en: http://www.fundacionmariajosejove.org/coleccion-de-arte/autores/481/# [En línea-Consultado el día 1/06/12]

iiiExtraído dey consultad el 1/06/2012: http://proa.org/esp/news-nota.php?id=156ivMichael Mac Nay, The guardian, 31/05/2010. Disponible en: http://www.guardian.co.uk/artanddesign/2010/may/31/louise-bourgeois-obituary-art [En línea-Consultado el día 1/06/12]

Acerca del autor

Florencia Gatell

Esta es Flor. Actualmente trabaja como Social Media Manager en una agencia de medios/creativa y estudia Psicología en la UBA. Le apasiona investigar, conocer los avances que se hacen en Redes Sociales y también poder ver el impacto que hay de la comunicación en esos medios. Además es bailarina de Flamenco y escribe un montón y sobre todo poesía, amor que desarrolló hace más de 10 años leyendo, interesándose y haciendo talleres con gente muy copada como Daniel Mecca y Laura Yasán. Hoy también desarrolla su narrativa con Agustina Tracey, en los talleres del Cuaderno Azul. También tiene un podcast sobre poesía y con entrevistas (La revolución de los Pájaros), porque como estudió periodismo, le gusta dar a conocer otras historias, escuchar otras voces. Y quizás se anime más a hacer stremings en Twitch, pero el tiempo dirá. Flor vino acá a escribir sobre todo lo que la mueva emocional e intelectualmente. Está bueno recordar que no somos meros entes lógicos, si no una combinación y más.

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