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¿Cómo sería nuestra realidad si no existiera el dolor como antesala? ¿Cuál es la funcionalidad del dolor? ¿acaso es solo un obstáculo en nuestro camino o es una señal de alerta que nos deja un mensaje?

Cuando el cuerpo habla, se lo escucha. Si duele, se lo escucha. Hace poco leyendo el libro de “Nunca llegamos a la India” de Juan Sklar, me topé con un hermoso pasaje que encaraba esta temática. En el libro (alerta spoiler), Jano, el personaje principal, se encuentra en su camino a Kavita, una joven chilena a la que conoce en la India. Ella, con una enfermedad terminal que arrasa con su cuerpo, comparte sus últimos días con Jano. En la lectura de este libro me encontré con una filosofía que defiendo mucho: la de escuchar al cuerpo. En una de las escenas Jano, con la intención de atenuar los fuertes dolores de cabeza que presentaba Kavita, nos cuenta que le ofreció varias veces aspirinas y ella le contestó que no, que del dolor aprende, que el dolor le indica cuándo debe dejar de moverse. Que el dolor es un mensaje y es nuestro trabajo descifrarlo. “Si yo tomara calmantes, viviría groggy esperando morirme. Si siento dolor, vivo esperando el no-dolor. Y cuando llega, hueón, es mejor que el chai, es mejor que tirar, es mejor que rezar.” 

El dolor es alerta, no hay que normalizarlo, hay que ocuparse de él, no solo acallarlo. ¿Acaso tomar un analgésico y dejar de sentir dolor en una articulación, cuando una articulación nos duele, nos da la capacidad de ir al gimnasio y forzar la articulación o, por el contrario, nos da una alerta de que debemos tratar un problema, descansar y reposar?. Esto no quiere decir que no existan medicinas que, recetadas por médicos que saben nuestro historial y se basan en nuestros estudios médicos previos, nos den un remedio o distintas alternativas de cura que hagan que podamos transitar el dolor no solo de una manera menos dolorosa, si no que nos curemos. Pero, la cuestión es que depende de nosotros escuchar esos mensajes que nos da el cuerpo en forma de dolencias y ocuparnos de él. No jugar a ser médicos y tomar solo por tomar. Guiados por la información que nos den en la tele o google. Ojala nunca lo sea, pero ¿si lo que estamos anestesiando es algo que debemos escuchar para luego tratar y aun estamos a tiempo? Anestesiando el dolor y siguiendo como si nada, va a hacer que no tengamos ni siquiera la posibilidad de enterarnos. 

Por ejemplo, cuando estamos elongando, gracias a que sentimos un fuerte dolor, sabemos que si seguimos vamos a desgarrarnos el músculo, entonces nos detenemos, masajeamos la zona, sabemos cuál es nuestro límite, justo ahora escuchando nuestro cuerpo. Gracias a que nos duele la cabeza, nos damos cuenta de que estuvimos tomando más café de la cuenta, que nos estamos exponiendo de más a las pantallas, no tomamos agua en todo el día o que nos alimentamos con chatarra. Entonces dejamos de tomar café, tomamos agua, comemos algo nutritivo, se nos pasa. Sentimos un alivio real, el alivio del no dolor real.

Hace poco leí un libro de Ana Silvia Serrano, una investigadora de la medicina cuántica, la autora mantiene que la enfermedad no existe y que esta no es más que el resultado del bloqueo de la energía que se traduce en deterioro del o los órganos y sistemas.

El cuerpo nos habla y hay que escucharlo. En el cuerpo escondemos muchas cosas que nos están pasando. No a propósito, inconscientemente. Nuestro cuerpo es energía. En él a veces se nos acumulan broncas, angustias, enojos, decepciones, miedos. Muchas son las escuelas que encuentran en los dolores físicos, malestares psicológicos que se materializaron sobre el cuerpo. Tratar ese tipo de cuestiones no es algo que va a resolverse de un día para otro, es algo que lleva tiempo y dedicación, pero, estamos hablando de nuestro cuerpo, el único que nos mantiene con vida, ¿no merece nuestra atención y tiempo resolverlo ahora?

Acerca del autor

Cheyca Parker

Jesica Melisa Parker, más conocida como Cheyca Parker es la creadora e impulsora de este espacio como una extensión de su esencia y su búsqueda constante del bienestar. Cantatutora, artista, escritora, maratonista de la lectura, esponja y trampolín del conocimiento, cree en la sinergia desarrollada a través de la motivación de un equipo de personas que quieren expresarse con libertad y desmenuzar los temas más sensibles de lo cotidiano que muchas veces olvidamos atender.  Cuenta con experiencia en la gestión de Talentos impulsada por sus estudios de Relaciones del Trabajo en la UBA. Cheyca lleva el arte en sus venas, la creatividad que contagia y emprende para dar lugar a un espacio abierto y reflexivo como Mística Digital.

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